
No ameis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Juan 2:15
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Hombres, no hemos sido hechos para vivir como la mayoría de los hombres.
¡Hemos sido hechos para luchar!
¡Hemos sido hechos para combatir!
¡Hemos sido hechos para trabajar!
¡Hemos sido hechos para conquistar!
Hemos sido hechos para entregarnos a algo eterno
Hemos recibido una orden para ¿hacer qué?
De salir y dominar.
De llevar toda la creación en armonía con la voluntad de Dios.
De hacer todo su gobierno, todas sus cosas, en el contexto de la voluntad de Dios.
Ahora, vivimos en un mundo caído,
Que vive en tinieblas y muerte.
El reino del maligno se extiende por toda la tierra.
Usted no ha sido llamado para jugar a video juegos.
No somos llamados para sentarnos delante de una televisión.
No somos llamados para entregarnos a futilidades.
¡Somos llamados para avanzar un reino!
¡Para vivir con una pasión!
¡Para luchar por El!
Y para apenas de vez en cuando, estirar nuestras espaldas
y mirar para arriba, para una sonrisa.
¡Quiero luchar!
¡No quiero confort!
¡No quiero tranquilidad en Sión!
Porque el reino de Dios es construido
No por aquellos que descansan en Sión,
Sino por aquellos que salen a las calles y luchan.
Y las armas de nuestra milicia no son carnales.
Ellas son poderosas:
Oración intercesora,
La proclamación del evangelio,
Y amor sacrificado.
¡Hombres¡ levántense, ¡Oh hombres de Dios!
¡Hagan aquello para lo que fueron llamados!
¡Sean valientes y fuertes!
Y sepan que esto les va a costar.
Usted se coloca del lado de Jesucristo y su causa
Y ve al diablo venir detrás de usted abofeteándole por dentro e por fuera.
¡Pero se trata de una guerra!
Entonces, El nos da una gran comisión…
Abrir camino de noche diciendo:
Hay un lugar,
Hay un lugar,
Donde El no es adorado,
Donde El no es adorado,
Hay un lugar,
Donde El no es adorado,
No puedo dormir,
Hay un lugar,
Donde El no es adorado,
Hay un lugar,
¡Donde la bandera del Señor no ondea!
¡Y para eso hemos sido hechos!
¡Para dejar a un lado nuestras pequeñas causas temporales
Y para entregarnos a esta grande batalla!

«¡Un libro popular y fácil de leer sobre los
Escuchen ustedes, todos los legalistas.
El bien no es aquello por lo que tienen que luchar. “Ser bueno” ciertamente no es la medida de Dios. La moral no constituye el asunto. Corran en pos de la decencia, de las reglas, de los derechos, de la moralidad, de la modestia, de la honestidad y del vivir correctamente, hasta que se vuelvan medio locos de desesperación; con todo, nunca satisfarán el anhelo que hay en ustedes de “ser buenos”. ¡Nunca! Y a pesar de sus mayores esfuerzos, nunca verán que otros a quienes se exige que “sean buenos”, hagan nada más que fallar. Ellos, viviendo bajo las reglas de ustedes, nunca llegarán a vivir a la altura de sus exigencias. Romperse la cabeza contra la pared tiene más esperanzas de cumplir algo positivo que las exigencias de ustedes por una buena conducta.
No importa cuán morales sean, nunca acallarán esa voz que está dentro de ustedes, que exclama: “Hagan mejor”, o “Aún no han ido bastante lejos”, o “Hagan mejor, esto no es bastante elevado.”
Les recomiendo que hagan lo que el más grande legalista de todos los tiempos hizo. Hagan como hizo San Simón. Encarámense sobre una columna de piedra de 15 metros de alto, acomódense allá arriba en un espacio cuadrado de unos 90 centímetros de lado, coman una ración diaria que consista sólo en tres higos. Hagan esto durante toda su vida de adultos. Y así y todo, algo dentro de ustedes gritará: “Reduce tu espacio en que vives a sólo sesenta centímetros de lado. ¡Come tan sólo dos higos al día! Y avergüénzate por lo que soñaste anoche. Y considera cuán terrible fue ese pensamiento que tuviste esta mañana. Obviamente eres del todo indigno. ¡Esfuérzate más! ¡Más!”
Hagan todo lo que hizo San Simón, y aún estarán viviendo en la biosfera del árbol (y de su fruto del conocimiento) del bien y del mal. El impulso al bien viene del árbol de la tiranía, de las reglas del legalismo, de la actuación, del bien y del mal. ¡El árbol de la muerte!
La vida y la libertad provienen de un árbol completamente diferente. La victoria está en la vida, no en el bien. Asimismo el triunfo está en la libertad, no en las normas.
El árbol del cual Adán no llegó a comer, no se llamaba el Arbol del Bien. Se llamaba Vida.
Totalismo: la renuncia al propio juicio, el adoctrinamiento del pensamiento para que la gente cambie de verdades. Una ideología que...